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| San Simeon, Base Coluna - 2010 - Foto J.Blanch |
Corría el año 390 cuando cerca de Tarso, en la actual Siria, nació Simeón. Un
niño que fue pastor de ovejas hasta que un día en la iglesia se entusiasmó al
oír el sermón de la montaña de las bienaventuranzas: "dichosos serán los
pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos, dichosos los puros de
corazón porque ellos verán a Dios". Decidido a llevar una vida acorde con
ellas resolvió ingresar en un monasterio.
A los 15 años se aprendió de memoria los 150 salmos de la Biblia, para
rezarlos todos cada semana, 21 cada día. Lleno de santo entusiasmo, se propuso,
imitando a Jesús, pasarse los cuarenta días de cuaresma sin comer ni beber. Se
cuenta que, en vista del éxito obtenido, repitió la hazaña durante todas las
cuaresmas de su vida. Un milagro por año.
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| San Simeon - 2010. Foto Josep Blanch |
Empezó a hacerse popular. De lugares lejanos acudía la gente para
aconsejarse, llevarse trozos de su manto como reliquia, o simplemente
contemplarlo mientras rezaba o daba consejos.
Asi pues con tanta popularidad le dificultaba hacer méritos, de modo que se
hizo construir una columna de 3 metros, con una especie de barandilla en la
cúspide, trepó y allí se quedó al aire y al viento, rezando en paz., pero fue inútil.
Aun venia más gente, por lo que hizo
elevar la columna a 7 metros, una cuerda para que le alcanzaran el pan y el
agua que apenas probaba y allá subió. Nada. Sus admiradores utilizaban
escaleras para acercarse, tocarlo, hablarle y molestarle en general. ¿Entonces?
Diecisiete metros, a ver si se animan. Y ya lo tenemos a Simeón a esa estupenda
altura, aparentemente libre de vértigo, subiendo la poquísima comida con la
soga y bajando sus heces…vaya a saber cómo. Allí vivió (si eso es vivir) 37
años, hasta su muerte.
No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba
rezando. Unos ratos de pie, otros de rodillas y otros tocando el piso de su
columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con
la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil
inclinaciones de cabeza.
La gente seguía viniendo cada vez en mayor cantidad. Se había convertido en una
atracción turística. Le pedían consejos, le sometían pleitos, y él les
predicaba, corregía sus costumbres y oraba con ellos. Todo a gritos, imagino,
para hacerse oír a 17 metros de altura. Para los casos confidenciales, supongo
que se habilitaría la escalera.
Simeon murió el 5 de enero del año 459, a los 69 años. Estaba arrodillado
rezando, con la cabeza inclinada, y así se quedó muerto, como si estuviera
dormido. Dicen que en su sepulcro se obraron muchos milagros y junto al sitio
donde estaba su columna se construyó un gran monasterio para monjes que
deseaban hacer penitencia. Aún se conservan los restos del mismo y de lo que se
dice es la base de la columna.